El deporte motor internacional se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de Alan Jones, histórico campeón de la Fórmula 1. El expiloto australiano murió a los 80 años —cumplidos recientemente— luego de pelear contra una corta enfermedad, un cuadro que fue comunicado públicamente por sus seres queridos.
Jones dejó una huella imborrable en la máxima categoría al consagrarse campeón del mundo en la temporada de 1980, un logro monumental que representó el primero de los nueve títulos de constructores y pilotos que ostenta actualmente la estructura de Grove.
A lo largo de su campaña en la «Máxima», el australiano disputó un total de 116 Grandes Premios. Su recorrido inicial incluyó pasos por formaciones como Hesketh —debutando en el fatídico GP de España de 1975 en Montjuic—, Hill, Surtees, Shadow, Arrows y Haas Lola.
Sin embargo, su consagración definitiva llegó al vincularse con Williams, escudería donde compartió momentos de alta tensión interna y una recordada rivalidad como compañero de equipo del argentino Carlos Alberto Reutemann. Bajo el ala del equipo británico, Jones acumuló un registro formidable: 12 victorias, 6 poles y 24 podios, coronando además un tercer puesto en los campeonatos de 1979 y 1981.
Tras un paréntesis fuera de la parrilla principal, tuvo una última etapa en la F1 entre 1985 y 1986. Lejos de alejarse de la velocidad, continuó compitiendo en categorías de resistencia (Endurance) y GT dentro del automovilismo australiano, cerrando de manera definitiva su etapa en las pistas en el año 2002 en la categoría Supercar. La partida de Jones despide a uno de los caracteres más fuertes y auténticos de la época dorada de la Fórmula 1.